Punto de Encuentro

Perro, pericote y gato

En el histórico Partido Aprista Peruano, fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre como una alternativa de pensamiento ante la polarización político-dogmático, con un planteamiento de justicia social y formación enfocada para los más desposeídos (frente único de trabajadores manuales e intelectuales) para luchar contra el abuso de los grupos de poder; en cambio, hoy en día asistimos a una parodia grotesca de liderazgo. Tres figuras —Jorge del Castillo, Mauricio Mulder y Belén García— han decidido que el partido es una finca privada y no una organización democrática. Desde sus trincheras oxidadas de poder, pretenden armar una plancha presidencial fomentando el desorden (sabiendo ellos mismos que así silenciarán la voz democrática de las bases al interior) sin el más mínimo respeto por los procesos institucionales internos del partido. Porque claro, ¿para qué molestarse con democracia si se puede imponer a dedo a los candidatos más servirles?

Una trilogía de ambición sin talento:

Jorge del Castillo "el mayordomo de la derecha"... el eterno reciclado del aprismo cuya aparición siempre es más que oportuna, parece no entender que ya no estamos en los años noventa. Su carrera, plagada de escándalos morales, trampolinazos, contradicciones y tibiezas ideológicas, no ofrece ni una pizca de renovación. Su liderazgo no convence ni a sus lentejeros acólitos que preferirían militar para Porky, pero insiste, como si el partido le debiera algo. Lo único que parece dominar con soltura es el arte de aferrarse al poder mezquino.

Mauricio Mulder "el tribuno de chacra"... por su parte, vive atrapado en un loop de Twitter donde grita, lucha contra sus fantasmas y pontifica sobre moralidad, como si su única misión fuera la de morder lo que se cruza (excepto cuando de terrenos desaparecidos del partido se trata). Intelectualmente perezoso, de militancia posera, su idea de hacer política es repetir las mismas frases vacías que nadie escucha, viste su único chaleco azul con una estrella despistada, con un ego tan grande que no cabe en el local de Alfonso Ugarte. Confunde verbo con sabiduría, y agresividad con coherencia. No ha leído ni ha aprendido nada en décadas, pero se cree el heredero natural de Villanueva.

Y qué decir de Belén García "La Dina Boluarte del PAP"... la flamante secretaria general, cuyo mérito principal parece ser la obediencia a los dos anteriores. Lejos de liderar con autonomía, ha preferido actuar como pieza decorativa de un aparato que no consulta, no escucha y no construye. El rol de secretaria general exige firmeza moral, visión orgánica y capacidad de articular el tremendo partido y despertarlo cual gigante durmiente. Pero lo que hemos visto es sumisión, improvisación, un desinterés sistemático por el debate orgánico y cerrar puertas a la juventud universitaria.

Un partido secuestrado:

La verdadera tragedia (al fin y al cabo) es que esta propuesta electoral no representa al aprismo ni tampoco los intereses de la juventud del siglo XXI, sino a sus peores vicios. El clientelismo protagonizado por Jorge Alfonso y sus gansos para hacer del PAP furgón de cola de la derecha, el caudillismo rancio protagonizado por los mismos que fueron a poner cadenas en las puertas de la casa del pueblo y la ceguera estratégica tanto en lo orgánico e institucional, han reemplazado el pensamiento, el estudio y la organización. No hay visión de país por que no caminan (y si lo hacen es solo por el Jokey para ir de compras con el dinero de la clínica), ni programa de gobierno, ni renovación generacional. Solo hay una terna de dirigentes desconectados, que gritan para acallar a las provincias, con ambiciones personales y cero interés en el fortalecimiento institucional más allá de estas elecciones.

Lo que Jorge, Mauricio y Belén están haciendo (sumados los que participan del teatro y se sientan a firmar servilletas con las que luego se limpiarán los mocos) no es solo antidemocrático, es mediocre. Pretenden gobernar un país cuando ni siquiera son capaces de dirigir un partido con legitimidad. Se autoproclaman líderes pero rehúyen al debate. Hablan en nombre del aprismo mientras lo silencian. Y lo peor, se llenan la boca con el nombre de Haya de la Torre, pero no comprenden —ni han leído— ni una sola línea de su pensamiento político.

El futuro no pasa por ellos:

El PAP necesita una renovación real, no una reencarnación de lo peor del pasado. Necesita líderes que lean por lo menos la opinión de sus compañeros, que piensen, que estudien la realidad y sus necesidades las cuales evolucionan con el devenir del tiempo, que escuchen y que se escuchen para no dar vergüenza ajena, que planteen un equipo técnico y propuesta a modo de compromiso bien planificado. Líderes que entiendan que la política es servicio, no botín. Mientras tanto, estas planchas presidenciales no son más que un intento patético de mantener vivas carreras ya muertas, y un recordatorio de lo lejos que puede llegar la ambición cuando no está acompañada de inteligencia.

El aprismo merece mucho más que esta caricatura de dirigencia. Merece volver a ser una escuela política, no un club de autorreferenciales sin proyecto. Y si los verdaderos apristas no alzan la voz ahora, cuando la re-inscripción está en juego, mañana puede ser demasiado tarde.

Guillermo Cespedes Medina

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