Antonio Gramsci aborda la batalla cultural como un eje central de la teoría política. Este concepto complejo explica cómo los elementos culturales y normativos, en sus distintas dimensiones, se convierten en terreno constante de disputa política para conservar o conquistar el poder. Como marxista, Gramsci sostiene que la clase dominante cuenta con herramientas como las leyes y el uso de la fuerza; mientras tanto, las clases dominadas recurren a espacios como la educación, el arte o la religión para ganar la mente y el corazón del pueblo, y con ello disputar la hegemonía. En otras palabras, la batalla cultural es una lucha por el sentido común y por el dominio de la sociedad civil, condición indispensable para que cualquier cambio político sea duradero.
Si bien Gramsci parte del marxismo, es sabido que el aprismo, desde el enfoque dialéctico de su ideología, debe conocer en profundidad los postulados marxistas para responder conscientemente a sus estrategias y argumentos. El aprismo, concebido desde una perspectiva histórica auténtica y antiimperialista, reconoce que la lucha cultural se libra en la pintura, la música, las aulas, los libros y, hoy más que nunca, en las redes sociales. Hasta aproximadamente el año 2010, el aprismo estuvo bien posicionado en estos espacios; sin embargo, rápidamente se produjo un retroceso. Los temas que marcaron el sentido común de la población quedaron ajenos a las propuestas apristas y, peor aún, el concepto de “corrupción” empezó a asociarse íntimamente a la estrella. Figuras culturales vinculadas al aprismo, como el Zambo Cavero o Ricky Tosso, dejaron de brillar, y otros artistas no recibieron el impulso necesario para convertirse en referentes de esta batalla.
¿Quién es responsable de esta situación? Sin duda, toda la militancia tiene parte de responsabilidad. No obstante, la dirigencia desde 2011 en adelante mostró una incapacidad evidente para trazar una estrategia político-cultural que trascendiera las fronteras del partido y sus simpatizantes. Son pocos los intelectuales que, desde sus propias trincheras, sin apoyo de la dirigencia ni de lobbystas, continúan librando esta batalla a pesar de la indiferencia de la cúpula.
Aun así, la estrella conserva una esperanza en la juventud. Se refleja, por ejemplo, en las expresiones de artistas como Bartola, quien en televisión nacional reconoce que existe una generación joven llamada a renovar con unidad, ordenar al partido y devolver al aprismo al lado del cálido corazón del pueblo. Del mismo modo, iniciativas impulsadas por compañeros como Adriana Moncada, Santiago Félix Morán y con el apoyo del c. Mochero Vázquez —que planean organizar un festival de música para las juventudes— son vitales, pues convierten la producción cultural en un verdadero armamento de batalla. También destaca el esfuerzo de Enrique Valderrama, quien, inspirado en líderes como Armando Villanueva y Alan García, recorre el país desde hace años, fortaleciendo la actividad política desde las bases y los medios de comunicación e influyendo con conceptos en el sentido común como la Agenda Social.
Todo indica que el aprismo comienza a tomar conciencia de que debe volver al sentido común y al corazón del pueblo, siguiendo el ejemplo de sus mártires y cuadros históricos que garantizaron un siglo de vigencia doctrinaria. Ojalá no se pierda ese norte, porque el Perú lo necesita.