En los últimos 15 años, China ha avanzado en su visión de incrementar su participación en América Latina. Esto ha generado nuevos desafíos, no solo para China, sino también para nuestra región. En este sentido, China ha sabido utilizar el "poder blando" como instrumento de influencia en los principales países y economías de la región durante las últimas dos décadas. Aunque algunos consideran que el uso de este poder ha perdido vigencia, este análisis argumenta lo contrario y se propone elucidar la persistencia del poder blando y cómo China lo emplea estratégicamente en América Latina.
Para comenzar, es necesario definir el concepto de "poder blando," un término que alude a la capacidad de los países para influir en otras naciones mediante la persuasión y la atracción, a través de elementos como la cultura, las artes, la ciencia y la economía, en contraposición al poder militar coercitivo.
China ha empleado este mecanismo diplomático de manera efectiva, extendiéndolo a dimensiones culturales y políticas. A través de este enfoque, ha logrado acceder a empresas estatales de la región, realizar grandes inversiones y abordar a los países latinoamericanos resaltando la grandeza de su civilización, sus contribuciones a la humanidad y una narrativa que promueve la colaboración comercial.
Un aspecto importante es que el poder blando chino presenta una peculiaridad: si bien este concepto tiene su origen en los valores liberales, China demuestra que estos valores pueden ser útiles en la búsqueda de la expansión a través de la diplomacia. Esta herramienta, por lo tanto, podría adquirir mayor relevancia en los próximos años.
China y su estrategia blanda
Una de las iniciativas más notorias y debatidas de China, en el marco de su poder blando, es su estrategia de integración, que busca extender su influencia a través de la llamada "Franja y la Ruta".
¿Qué es la Franja y la Ruta? Se trata del plan más ambicioso de Xi Jinping para su política exterior: una estrategia de desarrollo de infraestructura de impacto global, basada en la cooperación económica y el desarrollo de infraestructura en los países participantes.
El nombre alude a la antigua Ruta de la Seda, que conectaba China, África y Europa. En 2013, Xi Jinping lanzó esta plan comercial para integrarse con otros países estratégicos para China y para sus objetivos geopolíticos.
Esta estrategia de poder blando permite a China lograr una conectividad adecuada con sus socios comerciales, creando corredores económicos que mejoran las condiciones de sus productos y facilitan la conectividad terrestre y marítima. Ejemplos de esta estrategia incluyen el puerto multipropósito de Chancay en Perú, el puerto de Paranaguá en Brasil, Colón y Balboa en Panamá, Manzanillo en México y proyectos de conectividad terrestre a través de sistemas de trenes, además de grandes inversiones en conectividad en toda América Latina.
Todas estas inversiones son parte de la estrategia de poder blando que China ha implementado en la región durante muchos años.
La cultura: un medio de influencia bien utilizado por China
Si bien la pandemia de COVID-19 representó un revés para los planes de Xi Jinping y el Partido Comunista, la cultura china, ha sabido manejar esta crisis y sigue siendo un motor difícil de detener en la estrategia planteada por el Partido Comunista y su poder blando como herramienta de copamiento de la región.
En las dos últimas décadas, se han instalado en América Latina más de 400 centros culturales Confucio para aprender el idioma chino, además de cientos de eventos que buscan llevar a autoridades latinoamericanas a China, para convencerlos de que ese es el futuro que deben buscar. Redes sociales como TikTok también han logrado fidelizar a muchos adolescentes y jóvenes, así como empresas como Alibaba y Temu, que se han posicionado en la mente de parte de la población regional.
Todas estas acciones en conjunto son parte de la estrategia de poder blando que China ha implementado en América Latina para ganar control geopolítico a través de la diplomacia.
Conclusión
Si bien el escenario mundial actual es dinámico y cambiante, debido a conflictos armados, migración descontrolada, criminalidad organizada, informalidad y otras variables que influyen en nuestras naciones, la estrategia de poder blando que China está ejerciendo en las últimas dos décadas avanza gradualmente y hoy se puede reafirmar que está funcionando. A pesar de los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump, China ha visto en América Latina una alternativa para seguir creciendo comercialmente y mejorando la calidad de vida de sus ciudadanos.
Al final, la idea central, el mensaje que China quiere vender en su diplomacia blanda es: "hacer negocios conmigo es prosperidad y desarrollo". Esto no es negativo, sino una estrategia válida para avanzar geopolíticamente, y China ha sabido utilizar una herramienta de persuasión que para muchos ya no está vigente, pero que en realidad es todo lo contrario.