En varias oportunidades nos hemos referido a las construcciones informales, especialmente en terrenos invadidos, sea por traficantes de predios, sean por personas carentes de vivienda, incluso tratándose de predios de propiedad privada o estatal, importándoles un bledo la titularidad del bien.
También habíamos señalado que la mencionada informalidad, que sin lugar a dudas es también ilegal, bien pudo haberse reducido si es que los municipios hubiesen ejercido la atribución legal de proyectar urbanizaciones populares, con los trazos definidos, incluso para las vías y servicios, pero con ejecución progresiva de las obras. Evidentemente, nada o poco de ello hicieron los gobiernos locales, también denominados municipales.
También en otras oportunidades nos habíamos referido a construcciones irregulares, no solo carentes de autorización o licencia municipal, sino omisas de las medidas de seguridad que protejan la vida de quienes las habitarán y con materiales de edificación que no reúnen las debidas calificaciones.
Asimismo, hemos descrito las características de dichas edificaciones informales, incluso hechas en cerros, hasta al borde de precipicios, sin los servicios esenciales como son agua, desagüe y electricidad; pero, lo peor, sin ningún estudio de resistencia de materiales, sin columnas y a veces sin vigas, con inaudita irresponsabilidad y negligencia.
Algo que llama la atención de los habitantes de nuestras localidades y los visitantes, cualesquiera fuese su tamaño, es la proliferación de obras provisionales en los techos, preferentemente de cualquier tipo de maderas, aunque principalmente de descarte o reciclaje, los techos también de madera o plástico, sirviendo tales edificaciones para dormitorio, descanso, distracción y hasta para ingerir alimentos.
La precariedad de las edificaciones provisionales e irregulares en azoteas, a las que hemos referido, incluso también en balcones y terrazas, expone a los habitantes a incendios y otras contingencias, como tantísimas veces lo han dado a conocer nuestros valerosos bomberos voluntarios en medios de prensa.
Olvidan los responsables de las edificaciones informales aludidas que nuestro querido país se encuentra en zona de intensidad sísmica, agravada con las fricciones de la placa de Nazca, lo que hace muy probable —como señalan los expertos— que tengamos en futuro cercano sismo o sismos de enormes proporciones, que dejen como resultado pérdidas de muchas vidas y destrucción generalizada.
Si bien se puede entender, pero no justificar, la informalidad en edificaciones en barrios de escasos recursos económicos, es francamente incomprensible la fotografía publicada hace algunos días en este diario que generosamente nos acoge, en que se observa en la azotea de un importante edificio en la zona más socorrida de San Isidro, una peligrosa construcción de madera en tres pisos, que infringe las reglas constructivas y que pone en riesgo a ocupantes y visitantes del edificio en cuestión, además de atentar contra el ornato de esa pujante localidad.
Es imprescindible que las autoridades municipales, en custodia y preservación de la seguridad ciudadana, tomen cartas en el asunto, verifiquen la falta de licencia municipal y dispongan la demolición de las obras temporales o definitivas irregulares, imponiendo las sanciones que tanto la Ley Orgánica de Municipalidades como los Reglamentos de Construcciones y Edificaciones establecen.
Es pertinente reseñar que por las obras irregulares a las que nos referimos, los transgresores ni siquiera las incluyen en las áreas edificadas para efectos del pago del Impuesto Predial y arbitrios municipales, que son evadidos.