Richard Webb con su estudio “Conexión y Despegue Rural” analiza una serie de datos de fuente primarios y secundarios y viene a constatar un incremento sustancial de la productividad y del ingreso en el campo.
Históricamente, nos dice Webb, la tasa de crecimiento del ingreso por habitante rural entre 1900 y 1993 fue en promedio de 1.4% anual; lo que contrasta poderosamente con el promedio registrado en el periodo entre 1994 y 2011 mostrando una elevación sustancial de esa tasa a 7,2%.
Esta impresionante aceleración de la productividad del campo marca, sin duda, un quiebre estructural en la dinámica económica de las zonas rurales que incluso ha alcanzado al desarrollo de actividades productivas que no son agropecuarias. Se evidencia la construcción urbana y rural reciente: casa rurales nuevas o mejoradas, pequeñas obras de reservorios, invernaderos y cobertizos; alta cobertura de electrificación urbana y rural, avances en la modernización agrícola, alta presencia de asociaciones con finalidad productiva o comercial, locutorios y cabinas de internet, comités de transporte, servicios de mecánica, grifos y de reparación, molinos eléctricos, entre otros avances.
Además, el crecimiento económico se está reflejando en mejoras de la gente, directamente a través de los incrementos de jornales, históricamente estancados, entre 2001 y 2011 elevándose en 73%, asimismo el precio de una hectárea de tierra agrícola se incrementó en 88% y el precio de una casa en el centro del pueblo distrital en 166%.
Si bien, existe una multitud de variables sociales y económicas que contribuyen a explicar el despegue rural de los últimos años, Richard Webb descubre una alta correlación entre la conectividad y la productividad del campo. La expansión y mejora de la red vial, el incremento de vehículos, la masificación del celular e internet y la menor dispersión de la población debido a la migración de pequeños pueblos a otros de mayor densidad poblacional han reducido el grado de aislamiento de la población rural y ha contribuido a su mayor dinamismo económico.
En mi artículo “La población dispersa” apuntaba el reto que implica conectar a los pueblos del campo y con el estudio de Richard Webb venimos a confirmar que el alejamiento y la dispersión de la población contribuyen a explicar la baja productividad y la pobreza rural.