Si hay algo que no podemos negarle a Lima es que, desde que Francisco Pizarro la fundó como ciudad estratégica para la América española, se convirtió en uno de los lugares más importantes. Fue el centro del poder español y, a diferencia de lo que muchos expertos señalan, me inclino por la corriente que sostiene que Lima fue un reino, ya que fue el centro político, religioso y administrativo, así como un símbolo visible de la monarquía española y la primera gran globalización.
Durante toda la época colonial, Lima gozó de lo mejor que España tenía para ofrecer a esta parte del mundo. Si bien para muchos los ibéricos vinieron a saquearnos y explotarnos, existen también testimonios de que el oro, la plata y diversos recursos que, en teoría, se extraían de Sudamérica hacia Europa se quedaron aquí. Esto es prueba fehaciente hasta el día de hoy en las iglesias peruanas, en los museos y en los palacios que existieron hasta finales del siglo XIX, entre otros elementos que nos hablan de lo que significó esta ciudad para los españoles.
Por esta razón, Lima se construyó como una ciudad con la misión de ejercer el monopolio comercial de la región, gracias a su ubicación estratégica. Esta situación la convirtió en la ciudad más importante de esta parte del mundo, al ser la puerta de ingreso a Sudamérica por el puerto del Callao. De este modo, el comercio de la época estuvo estrechamente ligado a nuestra ciudad.
A punto de cumplir 500 años de su fundación española, Lima, en los próximos años, ha pasado por procesos de transformación que han desvanecido el brillo de una ciudad con un pasado relevante, conocida por sus eventos apoteósicos, grandes banquetes, ilustres visitantes y como la eterna Ciudad de los Reyes.
Hoy en día, las últimas gestiones municipales, encargadas de administrar la ciudad, han redescubierto su valor y han empezado a recuperarla con planes maestros, con el objetivo de convertirla en el epicentro de la hispanidad en la región que, con solo observar sus paisajes y construcciones coloniales, hable de su grandeza, la cual ya empieza a renacer.
Más allá de los problemas que sufre hoy nuestra ciudad, los limeños debemos entender que Lima es el centro de la hispanidad sudamericana, y ese título es difícil de que alguna otra ciudad de la región se lo arrebate.