Uno de los temas que más debate ha traído en los últimos años es la reforma del sistema de partidos políticos en nuestro país. Tenemos actualmente un escenario atomizado y fragmentado que nos ha llevado a crear caudillismos precarios, que solo han generado gobiernos corruptos y poco eficientes. Solo por dar un ejemplo, desde finales del siglo XX todos los mandatarios que hemos tenido se han envuelto en algún problema judicial y hasta algunos están con órdenes de captura y problemas con fiscalía muy serios.
Habiendo este problema avanzando a tal punto que hoy el presidente en funciones está bajo investigación. Esto realmente es preocupante. Quiero intentar a través de estas líneas dilucidar por qué hemos llegado a esta situación. La única respuesta que encuentro es que no tenemos una base sólida de partidos políticos. Si bien el artículo 35° de la Constitución Política del Estado, menciona a los partidos políticos como organizaciones en donde todos los ciudadanos podemos ejercer individualmente o a través de estas organizaciones nuestros derechos políticos, algo que con el transcurrir del tiempo ha sido perjudicial, ya que muchos improvisados se han lanzado a ser candidatos a la presidencia con pocas o nulas experiencias en cuestiones del Estado. ¿Pero qué buscan los partidos políticos realmente?
Pues podemos darles muchos significados, sin embargo, me quedo con la idea de que las organizaciones políticas o partidos políticos son instituciones que podrían representar una idea que busca el bien común, ser custodios de los sistemas democráticos, que busquen la protección de la libertad y los derechos humanos, y esto hacerlo a través de propuestas que les permitan llegar al desarrollo y a la prosperidad de un país. Algo que en la actualidad no existe porque en el Perú casi nadie cree en las instituciones políticas. Tenemos la percepción de que son un grupo de personas que buscan intereses particulares y, cómo no creerlo así, si hasta hoy en muchas partes del Perú tenemos un Estado ausente. Esta crisis quizá también podría reflejar que en nuestro país existe una democracia inmadura y que se ha convertido en un instrumento para que algunos grupos mercantilistas lleguen a tomar el poder y se perpetúen a través de diferentes caudillos. Muchas propuestas de solución se han plateado.
El Poder Legislativo ha tratado de entender este problema desde un punto de vista de financiamiento, por ejemplo, y les ha otorgado presupuesto para preparar a sus cuadros. Se han generado normas como la implementación de un aparato organizacional que forme los partidos con bases por todo el territorio nacional, con un número determinado de firmas y solo así podrían convertirse en partidos políticos. De esa forma se consideraba que se iba poder acabar con la improvisación de estas organizaciones, algo que está fuera de la realidad, ya que vemos lo mismo hoy.
Actualmente existen iniciativas de reformas, como el recambio del mandato cada dos años y medio. Esto podría ser quizá una de las soluciones para mejorar la representatividad de los partidos políticos. Sin embargo, considero que no serían todas las reformas, pues también debe darse la conformación por etapas.
Me refiero que lo primero que se debería de tener en cuenta para la formación de un partido político es que en una primera etapa o nivel uno las agrupaciones postulen a gobiernos locales, dependiendo de cuantos representantes hayan logrado podrían ser considerados un movimiento de representación local.
Hay que considerar que estos movimientos no podrían postular a elecciones generales, sin antes haber tenido una experiencia local evaluando cuántas representaciones hayan obtenido, y una foja creada por el comité de ética.
Posteriormente después de este plazo pasarían a tener opciones en los gobiernos regionales por dos períodos, en los cuales tendrían que pasar por el mismo proceso. Además de la evaluación con el comité de ética, se tendría que evaluar “la efectividad” de sus planes de gobierno. En una tercera etapa recién llegarían a tener la posibilidad de tener una representación ante el Poder Legislativo y el Ejecutivo.
Si bien esta propuesta podría ser demagógica, se debería crear un filtro para que toda la atomización y los partidos satélites que hay actualmente vayan quedando fuera de contiendas. Lo que ocurre en la práctica es que muchos de los partidos solo duran cinco o diez años, y luego de este “negocio” cambian de “razón social” y empiezan otra vez con los requisitos actuales. La fragmentación política es un problema que no solo existe en Perú, pero quizá es tiempo de abordarla de forma distinta en nuestro país, para generar consensos y que se busque el bien común de los ciudadanos.
En ese sentido se necesita un Estado más fuerte, pero no en un aspecto de coerción, sino de mayor participación de la formación de ciudadanía y de cuadros con capacidad de gestión. Necesitamos una clase política preparada que busque en su formación su mayor fortaleza, y el único canal que permitirá esta nueva dimensión de nuestro sistema político es a través de reformas que lleven al Perú a buen puerto.
Somos un país que hasta ahora tiene expectativas de inversionistas extranjeros, pero sin una estabilidad política será difícil generar desarrollo. Ese rollo de la justicia social ya está caduco.
Ahora necesitamos oportunidades para todos a partir de tener buenos gobernantes. Esa tarea se logrará encontrando la fórmula para tener una nueva visión y diseño de los partidos políticos en nuestro país.